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Antes y después del paro

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Más allá del ridículo del premier al decir que el 9 de julio paró el 2% de los peruanos o de la burda manipulación del ministro Chang “demostrando” que las escuelas no pararon, el gobierno sabe que el reciente Paro Nacional, convocado por la Coordinadora Político Social (CPS) y con fortísimas expresiones en gran parte del país, marca cambios en el proceso político.

Antes del paro, los sondeos y servicios de inteligencia gubernamentales le dejaron claro que sería de envergadura, pues buena parte del país está crispado y la demanda de cambio de rumbo crece. Solo en Lima, “bastión” gubernamental, lo respaldaba el 43% de los encuestados. En provincias, las cifras doblaban. Por eso viraron: de ignorarlo y minimizarlo, García pasó al psicosocial de la calumnia y del miedo. ¿Acaso un paro “fantasma” requería de millones de soles en avisos, volantes, pancartas y pintas con un “No al paro terrorista/comunista” o “Yo amo al Perú: no al paro”? ¿Justificaba un paro fantasmal el ignominioso spot de Montesinos -asesino, ladrón y mentiroso profesional- como la cara y el vocero gubernamental para difamar el paro? ¿Se moviliza a las FFAA y militariza el manejo del orden público contra espíritus? No. Moquegua fue el último clarinazo del malestar existente.

Luego del 9, el mismo García da cuenta de que el paro estuvo lejos de ser un fracaso. De ahí su reconocimiento del malestar nacional, su afán de soplarles la responsabilidad del alza del costo de vida y de la ausencia de respuesta a las demandas sociales y a la crisis internacional, escondiendo sus responsabilidades. Su campaña contra el monigote de un “complot” tan inexistente como el paro terrorista que levantaron como piñata antes del 9. Por eso la maniobra de Del Castillo llamando a un diálogo con interlocutores “ad hoc”, fabricados por el gobierno y ajenos a representar a los actores (la CPS) y la plataforma del paro. Pretenden desconocer que se ha comenzado a revertir una fuerte dispersión de fuerzas sociales y políticas que demandan el cambio, y que estas caminan a la construcción de una Asamblea Nacional de los Pueblos del Perú -de mayor amplitud que la actual Coordinadora Político Social- que puede expresar, representar y conducir una vasta red social y política, descentralizada y nacional, que canalice una mayoritaria voluntad de cambio en el país.
El paro ha rearticulado las relaciones y la unidad de acción de fuerzas de izquierda, democráticas, progresistas y nacionalistas, urbanas y rurales, dispersas desde la disgregación de IU y la creciente crisis de representación política de amplios sectores populares. Es una respuesta inicial, aunque insuficiente, al anhelo unitario de vastos sectores sociales. Y ello se ha permitido otro nivel de acción y presencia nacional, así como una plataforma unitaria por un nuevo Perú, por un cambio de rumbo, que expresa una contradicción estratégica con el continuismo neoliberal, amenazado en su supervivencia, y abre campo fértil para opciones políticas alternativas al bloque de poder.

¿Está este proceso culminado o consolidado? ¿Está organizado este vasto bloque social nacional y legitimada una dirección representativa? Aún no. El proceso se ha abierto, ha avanzado. Tiene amenazas internas: contradicciones mal tratadas e irresueltas en frentes importantes: regionales (Arequipa, Loreto), sectoriales (magisterio, salud, juventudes universitarias, entre otros) o políticos (definiciones de liderazgo mal encaradas o diferencias e imprecisiones tácticas de cómo enfrentar al régimen), así como en los obstáculos que pueden afectar la apertura a procesar. Y tiene amenazas externas: el gobierno y sus aliados pretenden liquidarlo. Quisieron llevarlo al campo de la confrontación violentista para aplastarlo, pero fracasaron. Ahora redefinen sus maniobras para confundir y dividir, para atemorizar y reprimir.

Este fenómeno nuevo, la CPS (que articula gremios, frentes regionales y movimientos políticos), requiere de mayor amplitud, de nuevas fuerzas políticas y sectores sociales. Hay que articular sectores sociales con débil presencia o no integrados. Hay que acercarse a los colegios profesionales e intelectuales, a pequeños y medianos empresarios, a organizaciones de mujeres, a transportistas, a organizaciones sociales y políticas regionales, a alcaldes y gobiernos regionales progresistas y comprometidos con el cambio de rumbo que las mayorías reclaman. Con ellos, y en un intenso proceso de relación con la gente, hay que dar una batalla por forjar una visión común del Nuevo Perú, ha de nacer la Asamblea Nacional de los Pueblos del Perú (ANP), palanca fundamental para representar y abrir paso al nuevo rumbo.

Sí, ha crecido y se ha reactivado la fuerza de los que reclaman un cambio de rumbo. Es tarea de la CPS llevar el debate del contenido de ese cambio a convertirse en un gran proceso social, forjar los instrumentos para alcanzarlo, desarrollar las expresiones de lucha que evidencien que no solo nos asiste la razón, sino la fuerza y la organización necesarias para hacer realidad un nuevo Perú. Ciertamente, hay un antes y un después del paro y mucho depende de cómo actúen quienes lo impulsaron.

javierdiezcanseco@gmail.com

Encuentro por un nuevo Perú

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Del 13 al 16 de mayo la UNI recibió a miles de delegados y representantes de organizaciones populares, sociales, intelectuales, juveniles, de mujeres, de ONGs y partidos políticos de los distintos países de AL y Europa, y –ciertamente– a quienes vinieron de todos los rincones del Perú. Se dieron cita en la III Cumbre Social, o Cumbre de los Pueblos, paralela a la V Cumbre de Presidentes de la ALC-UE. Vencieron múltiples obstáculos del régimen aprofujimorista. Desde la sucia campaña mediática de sus tinterillos en la gran prensa escrita, radial y televisiva saboteando el evento, sembrando temor en la población y criminalizando a sus promotores, pasando por la negación de locales solicitados con anticipación y groseras imputaciones como la de “violentistas” que pretenden “sembrar el caos e impedir la V Cumbre Presidencial ALC-UE”, hasta la decisión gubernamental de hacer de Lima una ciudad casi en estado de emergencia y enrejar la Cumbre oficial.La cita de los Pueblos se abrió paso. Se ofrecieron decenas de talleres y seminarios de análisis de los problemas que nos aquejan. Un febril intercambio de experiencias de organización y lucha por la conquista y el respeto de nuestros derechos. Firmes y sustentadas resoluciones en defensa de nuestro derecho al desarrollo, a la soberanía y a la participación política y el control ciudadano y de los pueblos originarios, políticas de Estado y sobre nuestros recursos naturales y energéticos. Una clara posición en defensa de un comercio justo y una integración solidaria y de cooperación entre pueblos y Estados, con respeto de los derechos laborales y sociales, así como a la soberanía de nuestras naciones, contraria a los TLC o Acuerdos de Complementariedad (como el que promueve la UE) dirigidos a imponernos políticas económicas y comerciales al servicio de transnacionales que sólo piensan en sus sobreganancias. La Declaración de la Cumbre Social es clara: construir un mundo distinto al del mercado libre de las transnacionales, el consumismo alocado, la precarización del empleo, el hambre, la crisis, y la destrucción del planeta por el afán de lucro y el egoísmo. Su compromiso es con un mundo solidario y equitativo, que reconozca la pluriculturalidad y etnicidad, que respete y resguarde la naturaleza y el medio ambiente, que devuelva el derecho de decisión a los pueblos para vivir en paz.La Cumbre también dio oportunidad de reencuentro –y encuentro– a diversos movimientos y fuerzas sociales, nuevos y antiguos, nacionales y regionales, urbanos y rurales, de trabajadores y de pueblos originarios, de jóvenes y mujeres, de intelectuales y de activistas medioambientales, de pequeños empresarios y emprendedores, de sectores de iglesias comprometidas con los pobres y activistas de DDHH, de dirigentes políticos y círculos universitarios, que activan y luchan en diversos espacios por un Nuevo Perú. Fue un espacio extraordinario de confluencia. Vertientes diversas –y dispersas– redescubrieron sus puntos de encuentro en el objetivo mariateguista de un Perú Nuevo y una AL Unida y Soberana en un Mundo Nuevo. Las experiencias de los delegados de Ecuador y de Bolivia, de Venezuela y de Uruguay, de Paraguay y del Salvador, de Costa Rica y de Brasil, así como la intervención de Evo Morales en la Plaza, reposicionaron lo evidente: la necesidad, la urgencia de la unidad en la lucha y en la acción para abrir un nuevo rumbo al país.

Con vigor y creciente convicción, con evidente autocrítica, aflora la necesidad de promover el protagonismo de las fuerzas sociales marginadas y oprimidas, de renovar los liderazgos y de retomar la acción unitaria. Se trata de restaurar el principio de una economía al servicio de la gente (y no de la gente esclavizada por la economía al servicio de los poderosos), de recuperar la ética y la transparencia en la política y de hacer de la política un espacio de la gente y no de la manipulación y el engaño. En síntesis, de devolverles el Perú a los peruanos y de recuperar la capacidad de decidir nuestro destino unidos a las luchas liberadoras de otros pueblos de AL.

Contra el pesimismo de quienes hoy diagnostican la casi imposibilidad de reconstituir un proyecto liberador, de izquierdas y progresista, nacionalista y latinoamericanista, al término de la Cumbre se llevó a cabo el encuentro de organizaciones populares que convoca para este 4 de noviembre a una Asamblea Nacional de los Pueblos del Perú; espacio de articulación y unidad de un vasto contingente, con fuerte tinte descentralista y popular, que asuma la tarea de un Nuevo Gobierno y la lucha por la forja de un nuevo Estado, Nacional, soberano, descentralista y plurinacional, garante de la justicia social y basado en la democracia participativa.

javierdiezcanseco@gmail.com

¿Sobrevivirá la doctrina Bush?

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Bush, pocos lo dudan, pasará a la historia como uno de los peores -si no el peor- presidentes norteamericanos. Su gobierno heredará a EEUU el pantano de la guerra de Irak y Afganistán -entre múltiples frentes abiertos (Pakistán, Irán, Corea, Venezuela, Cuba…)- y una grave crisis económica, atada a la guerra y al irresponsable manejo económico con las políticas neoliberales en boga, y del crédito hipotecario bancario.Joseph Stiglitz ha recordado que Bush provocó una brutal alza de precios de la energía: el barril estaba a US$ 25 al comenzar la guerra de Irak (marzo-2003) y hoy bordea los US$ 115. El impacto en la economía de EEUU y del mundo entero ha sido feroz y alteró la ecuación económica por la que las guerras eran formas de salir de la crisis capitalista y reactivar la economía. Dice Stiglitz: “La subida de los precios del petróleo provocada por la guerra eleva los pagos a los países exportadores de crudo, en vez de gastar ese dinero en casa”. La guerra les cuesta US$ 12 mil millones de dólares mensuales, que rendirían mucho más invertidos en infraestructura (ya en crisis en EEUU) vial, educativa o de salud. Adicionalmente, lanzó la tesis de convertir alimentos (caña, maíz, arroz, granos) en combustibles, los famosos biodiesel, y los precios de los alimentos comenzaron a dispararse hasta competir con los de los combustibles, generando una crisis que impacta a buena parte de la tierra. Y, adorador fanático del mercado y la gran empresa sin regulaciones, ha hecho un irresponsable manejo fiscal y prohijado una brutal crisis del crédito inmobiliario que dejaría sin casas a más de 2 millones de hogares, hace tambalear la Bolsa y quiebra bancos que -a su vez- claman y reciben inmediatamente gigantescos subsidios del Estado para salir a flote, con el dinero de los norteamericanos.

Bush deja a los EEUU con 50% más deuda que hace 8 años y cerca de un millón de millones de esta se debe a la guerra de Irak. Los norteamericanos se acordarán de él por largo tiempo pues tienen 160,000 soldados allí (muchos hispanos) y el costo de la guerra seguirá aumentando, así como los muertos que van más allá de 4,000 soldados de EEUU y casi un millón de iraquíes. Irak ocupado se debate en una cruenta guerra civil -además de la guerra de liberación- entre sunitas, chiítas y turcos, y al interior de algunos de ellos mismos. El candidato presidencial republicano, McCain, ofrece quedarse 100 años si es necesario, y alienta una nueva confrontación con otro país petrolero: Irán. La Sra. Clinton y Barack Obama, precandidatos demócratas, ofrecen un gradual e impreciso retiro de tropas, pero en el Senado han votado por los aumentos presupuestales que Bush propuso. Obama, que parece más cercano a una decisión en este terreno y anuncia disposición a dialogar con el mundo musulmán (incluyendo Hamás y Hezbolá) está siendo objeto de una feroz campaña en contra de los halcones y grandes capitales, en un país que sabe bien de líderes, candidatos y presidentes muertos (Luther King, los Kennedy, etc.) por complots nunca aclarados.

La doctrina Bush -que llevó a este pantano- es simple: los EEUU están en guerra con el terrorismo (representado por los países del “Eje del Mal”) y, en ella, tienen derecho a actuar independientemente de los organismos internacionales (ONU) y de lanzar “acciones preventivas” (la mejor defensa es el ataque). Sus éxitos -hasta hoy inexistentes- atraerían a otros países al redil y todo ello se haría para exportar libertad y democracia contra las autocracias.

Bush actúa confiado en su fuerza militar: superior al poderío conjunto de los 20 países que le siguen en fuerza. Tiene detrás de él a los halcones y el complejo militar industrial, pero más del 52% de sus ciudadanos quieren el regreso de sus tropas. Su aprobación anda tan caída como la de Alan García, bordea el 30% con desaprobación de más de 60%. El desprestigio de EEUU en el mundo entero crece, después de conocidas las torturas de Abu Graib, las jaulas de detención y el cruel maltrato en Guantánamo, las cárceles secretas que maneja la CIA y la ausencia de las famosas armas de destrucción masiva en Irak, invocadas como causales de guerra preventiva para ocultar el hambre de petróleo ajeno.

Las próximas elecciones en EEUU pueden darle un triunfo a los demócratas. La Sra. Clinton es una figura de la vieja clase política, pero Obama podría implicar una oportunidad de cambio, a pesar de la enorme presión para que mantenga los ejes de la doctrina Bush, y si intenta lo contrario hay riesgo sobre su vida. Esa doctrina implica, en América Latina, una amenaza intervencionista sobre Bolivia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua, Cuba y Paraguay, si el ex obispo Lugo ganara las elecciones). Hay que estar alertas también ante los afanes de extender la presencia militar de EEUU en Perú y América Latina, trasladando la base de Mantas que Ecuador cerrará. No hay duda de que las elecciones de EEUU generan atención y que alguna oportunidad de cambio podría darse para avanzar en desechar la doctrina Bush, responsable de tantos males.

javierdiezcanseco@gmail.com

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